Table of contents
- Un negocio vacío también está expuesto
- Menos personas, más responsabilidad
- El calor también afecta a las instalaciones
- Y luego están las empresas que en agosto trabajan más
- El teletrabajo tampoco se va de vacaciones
- ¿Y qué pasa con los seguros?
- El mejor momento para prevenir no es cuando ocurre el problema
Agosto cambia las reglas del juego.
Hay empresas que bajan el ritmo, otras que cierran unos días y otras que, precisamente durante el verano, viven uno de sus momentos de mayor actividad. Cambian los horarios, las rutinas, los equipos de trabajo y hasta la forma en la que utilizamos las instalaciones.
Y cuando cambia la forma de trabajar, también cambian los riesgos a los que está expuesta una empresa.
Porque no es lo mismo gestionar un negocio con toda la plantilla, proveedores funcionando a pleno rendimiento y actividad habitual que hacerlo con media oficina de vacaciones, horarios reducidos o un local cerrado durante varios días.
Entonces, ¿qué puede cambiar en agosto?
Un negocio vacío también está expuesto
Si una empresa cierra durante varios días, puede parecer que los riesgos disminuyen porque no hay actividad. Pero ocurre justo lo contrario en algunos casos.
Una fuga de agua, un problema eléctrico, un fallo en la climatización o un intento de robo pueden producirse aunque no haya nadie trabajando.
Por eso, antes de cerrar, es recomendable comprobar instalaciones, sistemas de seguridad, alarmas y aquellos equipos que deban permanecer conectados. Y, sobre todo, tener claro qué hacer y a quién llamar si ocurre una incidencia mientras el negocio está cerrado.

Menos personas, más responsabilidad
Durante el verano es habitual que parte de la plantilla esté de vacaciones. Esto puede provocar que algunas tareas recaigan temporalmente sobre menos personas o que determinados procesos sean asumidos por trabajadores que normalmente no los realizan.
Una buena organización durante estas semanas es fundamental: dejar responsables definidos, compartir información relevante y asegurarse de que las tareas críticas no dependen de una única persona. Porque las vacaciones deberían significar descanso, no dejar al negocio sin capacidad de reacción.
El calor también afecta a las instalaciones
Las altas temperaturas no solo las sufrimos las personas. Equipos electrónicos, sistemas de climatización, instalaciones eléctricas y determinados materiales pueden verse afectados por el calor, especialmente cuando funcionan durante muchas horas.
Por eso, el mantenimiento preventivo cobra todavía más importancia durante los meses de verano. Una revisión a tiempo puede evitar que una pequeña incidencia termine convirtiéndose en una avería mayor.

Y luego están las empresas que en agosto trabajan más
Aquí está la otra cara del verano. Mientras algunas empresas bajan su actividad, otras viven precisamente durante estos meses su temporada alta.
Hostelería, turismo, determinados comercios, actividades de ocio o empresas relacionadas con servicios turísticos pueden experimentar un incremento considerable de clientes y operaciones.
Más actividad significa también más exposición a determinados riesgos: más personas en las instalaciones, más operaciones, más equipos funcionando y, en algunos casos, contratación de personal temporal. En estos negocios, el reto no es proteger una empresa vacía, sino estar preparado para gestionar un volumen de actividad mayor.
El teletrabajo tampoco se va de vacaciones
Agosto también puede cambiar el lugar desde el que trabajan las personas. Ordenadores portátiles, teléfonos corporativos, documentos y acceso a sistemas de la empresa pueden trasladarse temporalmente fuera de la oficina.
Esto hace que la seguridad digital siga siendo importante incluso cuando la oficina está prácticamente vacía. Contraseñas seguras, dispositivos actualizados, copias de seguridad y precaución ante correos o enlaces sospechosos siguen siendo básicos.

¿Y qué pasa con los seguros?
Este es un buen momento para hacer una comprobación que muchas empresas dejan para otro momento: revisar si sus seguros siguen respondiendo a la realidad actual del negocio. No se trata simplemente de tener una póliza guardada en un cajón.
La actividad de una empresa puede cambiar con el tiempo: nuevas instalaciones, más empleados, nuevos equipos, cambios en el volumen de negocio, nuevas actividades o incluso periodos en los que la empresa permanece cerrada.
Por eso, revisar periódicamente las coberturas y asegurarse de que están adaptadas a la situación real de la empresa puede marcar la diferencia cuando ocurre un imprevisto.
El mejor momento para prevenir no es cuando ocurre el problema
Agosto puede ser un buen momento para detenerse unos minutos y hacerse algunas preguntas:
- ¿Qué pasaría si mañana tuviéramos una fuga de agua?
- ¿Quién reaccionaría si saltara una alarma durante el cierre?
- ¿Tenemos claro qué hacer ante un incendio o un daño eléctrico?
- ¿Nuestra actividad actual sigue siendo la misma que cuando contratamos el seguro?
- ¿Las personas que están trabajando saben cómo actuar ante una incidencia?
No hace falta esperar a septiembre para hacerse estas preguntas.
El riesgo no se va de vacaciones
El verano cambia muchas cosas en una empresa. Algunas son evidentes y otras pasan desapercibidas hasta que ocurre algo.
Por eso, más que pensar únicamente en “qué seguro tengo”, es interesante preguntarse “a qué riesgos está expuesta hoy mi empresa”.
Porque una empresa que cierra, una que teletrabaja y una que está en plena temporada alta no tienen exactamente las mismas necesidades.
En Grow Up creemos que la protección de una empresa debe adaptarse a su realidad y evolucionar con ella. Por eso, revisar periódicamente las necesidades y coberturas es una parte más de una buena gestión empresarial.
Este verano, quizá la mejor revisión que puedas hacer a tu empresa no esté en el balance. Puede estar en sus riesgos.




